Reflexiones para enfrentar mejor a los sismos

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“Ante los desastres, los hombres han respondido siempre con actos y con obras”

Octavio Paz

Mi generación ha tenido la experiencia de vivir cinco fuertes sismos: el de 1957, el de 1979, el de 1985 y los del 7 y 19 de septiembre de 2017. Destruir es sencillo, construir difícil, se requiere análisis, entendimiento, preparación y tiempo. Las crisis siempre traen consigo oportunidades para mejorar.

Después del sismo de 1985, durante la Regencia de Ramón Aguirre, se tomaron en la Capital de la República medidas muy importantes para proteger las edificaciones y por consecuencia la vida de la población, a través de un nuevo Reglamento de Construcción que permitió nuevas exigencias estructurales para construcciones nuevas y antiguas.

El Reglamento de julio de 1987 actualiza las normas vigentes para fortalecer el diseño estructural, la cimentación, los materiales constructivos, el control de los usos originales de las obras autorizadas, además de incorporar aspectos centrales como el debido mantenimiento de las edificaciones e instalaciones.

Sin embargo, debimos seguir construyendo y desarrollando otras medidas con plena conciencia de que vivimos en una tierra con una naturaleza y orografía muy bellas pero que son sede de volcanes y propensa a sismos, y cuyo mayor peligro no son las ondas sísmicas sino más bien lo que nos rodea y habitamos, lo cual nos pueda causar un daño por no resistir la sacudida.

De ahí la importancia de reflexionar en nuevas medidas cuya aplicación ayude a proteger a la población. La primera que considero de alta prioridad y no de gran dificultad es contar con rutas de evacuación en caso de una emergencia que permitan una rápida movilización ciudadana para alejarse del peligro, así como vialidades o carriles especiales para facilitar rescates o atención a la población. Las vialidades se congestionan de tal manera durante una emergencia por vehículos y personas que es imposible circular por ellas, lo que impide la llegada de ambulancias, rescatistas o auxilio médico.

También es de gran prioridad exigir que toda construcción cuente con el certificado de un ingeniero estructurista acreditado por autoridad competente de que cumple con los requisitos establecidos en el Reglamento de Construcción. Similar medida debe adoptarse en los estados de la República con riesgo sísmico, incluso en viviendas autoconstruidas; así como hay abogados defensores de oficio para proteger el debido proceso, podría crearse también la figura del ingeniero estructurista de oficio que permita lo anterior.

Construcciones nuevas deberán contar con garantía contra vicios ocultos de cuando menos 5 años y no de uno como es actualmente y obligatoriamente con un seguro contra daños. Los planes de desarrollo urbano deben considerar límites de crecimiento con base en los servicios que se pueden ofrecer de agua, drenaje, recolección de basura, seguridad pública, medio ambiente, transporte y movilidad. No debe haber autorizaciones para construir más y más edificios habitacionales y de oficinas sin considerar lo anterior. Muchas ciudades en nuestro país hoy crecen sin dar atención a estos servicios vitales. Se autorizan nuevos desarrollos urbanos sin considerar la suficiencia de los servicios básicos citados.

Es importante frenar el hundimiento de la Ciudad de México motivado por la extracción de agua, lo cual la hace más vulnerable a los movimientos sísmicos. Para ello es necesario mejorar el manejo del agua mediante la separación de drenajes: uno que permita recuperar el agua pluvial y a través de pozos de absorción recargar el manto freático y con ello contribuir a fortalecer la estabilidad del suelo, y otro drenaje que capte las aguas negras hacia plantas de tratamiento a fin de reducir la extracción de agua del suelo capitalino y contribuir a restablecer su equilibrio hídrico.

También es fundamental fortalecer a través de los diversos medios de comunicación la cultura ciudadana y cívica en todas las regiones del país, principalmente en tres aspectos que considero centrales: cómo ponernos a salvo de acuerdo a las circunstancias de cada quien, porque no hay nada más valioso que la vida; dos, trabajar bajo la guía de las autoridades, particularmente las de protección civil y militares, con el propósito de hacer más eficientes y efectivas las tareas de rescate y, tercer aspecto hacer un uso más racional de las líneas telefónicas y las redes de telecomunicaciones que son fundamentales durante la emergencia. Usar menos las líneas de voz y comunicarnos vía Internet.

Considero que todo lo anterior no es sencillo de implementar y puede enfrentar resistencias, pero más resistencias debe enfrentar lo que nos ha sucedido recientemente como consecuencia de los sismos y si bien sabemos que a la naturaleza no se le puede controlar al menos estamos haciendo lo debido y no lo indebido.

El Financiero – Opinión – Secretario de Comunicaciones y Transportes

gob.mx/sct

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